El ritual de purificación es una práctica universal que, se dice, favorece la claridad mental, la alegría y la tranquilidad. Aprovecha las propiedades específicas de cada planta y utiliza el palo que mejor se adapte a cada situación.
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Uso de los palos de plantas
1. Usa un recipiente que resista el calor, como la concha de abulón, y colócate sobre una superficie no inflamable. Ten a mano una pluma o un abanico.
2. Enciende un extremo del palo, preferiblemente con una cerilla. Déjalo arder durante unos segundos y luego apaga la llama soplando. Ten cuidado, las hojas pueden volar fácilmente. Coloca el palo sobre el recipiente elegido cuidando de no quemarte.
3. Para los lugares: pasa por cada una de las habitaciones y guía el humo con la pluma o el abanico hacia los lugares que deseas purificar.
4. Para las personas: guía el humo hacia las partes del cuerpo a purificar, hacia la cabeza, los brazos, las piernas, la espalda, etc.
5. Espera a que el palo se apague. Según la creencia amerindia, seguirá ardiendo mientras su acción beneficiosa no haya terminado.
Recuerda que la intención es la base de todo ritual de fumigación: si tu corazón es puro y tu propósito noble, el efecto se verá potenciado.
Cultivo
Las plantas de nuestros palos provienen de cultivos 100% naturales, por lo que su crecimiento depende del clima y de las precipitaciones anuales. El tamaño de los manojos puede variar de un año a otro, según las variaciones de las estaciones y las cosechas más o menos abundantes. Es interesante notar que, durante períodos de sequía, la concentración de aceites esenciales en las hojas es mayor.
En cuanto a nuestro palo santo, proviene de árboles caídos y cumple con la normativa vigente en Perú (la madera del árbol Bursera graveolens no está clasificada en CITES).
Ventila la habitación después de usarlo. No inhales el humo directamente.